Se incorporo lentamente, tomo el teléfono, sus dedos temblaban de la ansiedad y la angustia, hacia tanto y tan poco habia escuchado esa voz, la llevaba en su mente todo el tiempo. Será la última vez -se dijo, solo ella sabia que seria así, todo habia resultado perfecto, nadie mas la notaria, como cuando era una sombra transparente.
Un soplido del otro lado hizo que se desvaneciera en el gélido pavimento, pero se sentia viva, como nunca, viva en medio de esas paredes negras que la rodeaban, viva aun cuando estuviera rodeada de charcos de hielo turbio.
Reproducia en su mente cada escena entre un mar de agua sosa. Las imégenes venian todas al mismo tiempo a su mente. Recordaba cuando se hacia pequeña entre sus brazos, la sensación de placer al verse tendida a su derecha contemplando sus ojos, la brisa que agitaba su cabello mientras llevaba consigo aquel objeto, las idas y venidas a aquel lugar donde la esperaban cada tarde con una sonrisa y él, él con su traje blanco .
Después de un corta espera solo halló un infinito silencio por el teléfono. El ángel se habia ido.
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La joven cerró los ojos y el tiempo se detuvo... no quería abrirlos pero lo tenía que hacer. Poco a poco abrió los párpados y allí estaba el teléfono, frío e inerte contemplándola, retándola, tentándola a hacer algo de lo que no se creía capaz... Pero ya no podía resistirse y lo tomó, cogió entre sus delgados y frágiles dedos el auricular gris y lo levantó con una inpaciencia que casi logra que el aparato terminara en el suelo. Intentó tranquilizarse y marcó lentamente el número...
ResponderEliminar"No debo hacerlo" -se decía- "Ni siquiera lo conozco... ¿Pero en qué demonios estoy pensando?" -murmuraba inaudiblemente.
Al otro lado de la linea el timbre sonaba una y otra vez y con cada campanada su corazón se aceleraba más y más... Hasta que de pronto él contestó con la voz somnolienta...